One Ride Away: La Clásica de Flandes
Fotos de Michael Pijnacker
De Huy a Oudenaarde: una clásica impregnada de sufrimiento, ahora al alcance de todos con la Tesoro.
Estamos de nuevo en la época del año de las clásicas de primavera. Llegan es esos momentos en nos maravillamos con estas competiciones, y nos preguntamos: ¿cómo sería enfrentarse a estos trayectos salvajes que fulminan a los profesionales? Los adoquines, los desniveles… una historia escrita en cada puerto. ¿Qué se sentirá al subir los puertos donde se forjan campeones... y donde a veces caen derrotados por la pendiente?
Nuestra curiosidad creció tanto que no pudo más. Así que preparamos la Cannondale Tesoro y nos dirigimos rumbo al corazón del ciclismo. ¿El plan? Conectar dos de las líneas de meta más desafiantes del deporte, desde el Mur de Huy de la Flèche Wallonne hasta Oudenaarde del Tour de Flandes.
Enlazar estos dos íconos del ciclismo en un solo día no es algo que la mayoría de los ciclistas se atreverían a intentar. Pero con la tecnología eléctrica, se abre una nueva puerta. La Cannondale Tesoro hace posible que los aficionados del ciclismo experimenten el sufrimiento sin colapsar, que enfrenten el desafío con un poco menos de crueldad. Degustar el sabor de las clásicas, pero sin pagar el precio físico que exigen.
Huy, Chemin des Chapelles, KM 0. Un pueblo medio dormido bajo un cielo gris pizarra, el peso de la historia se siente en sus calles. El Mur se alza ante nosotros, un muro de 1,3 kilómetros con una pendiente promedio del 9,6%, lo suficientemente empinado como para quebrar la voluntad y echar el pie a tierra... pero no hoy. Hoy, seguimos pedaleando, y la Tesoro responde en todo momento. El motor Bosch Performance Line CX empuja, casi sin darte cuenta, con 85 Nm, transformando el desnivel salvaje en una subida casi sublime. Las famosas marcas de "Huy, Huy, Huy" van pasando, pero no hay sufrimiento ni falta el oxígeno. La subida se pliega bajo nuestras ruedas, y seguimos adelante.
Más allá de Huy, la carretera parece infinita: las colinas Walonia, que se amontonan una detrás de otra, rampas de hormigón flamencas, pueblos donde el olor a leña se respira al alba. El Tesoro avanza silenciosamente, con su batería de 800Wh para recorrer una distancia casi interminable. La lluvia va y viene, empañando los campos, mojando nuestros brazos. Los guardabarros hacen su trabajo, las luces, siempre encendidas, atraviesan la bruma, y los anchos neumáticos hacen que las secciones de barro sean pan comido. Hace que todo suponga menos esfuerzo. Es casi injusto.
Halle, después de 101 Km recorridos. Una pausa para un café, estiramientos, y un breve descanso. El RackLock encaja en su lugar, discreto, inamovible. Bien afianzado en un solo gesto. El Tesoro nos espera, impasible. Minutos después, estamos en marcha de nuevo, persiguiendo el horizonte hacia Flandes, donde nos esperan los retos de verdad.
Y después, Flandes. La cuna de las pruebas más despiadadas del ciclismo, donde ciclistas y bicicletas se fusionan en una poderosa fuerza singular, donde forjan sus lazos sobre viejos adoquines y rampas mortales. Antes de atacar estos icónicos ascensos, nos conectamos brevemente para charlar con el equipo EF Pro Cycling de Cannondale, corredores curtidos en carreras de todo el mundo, como el legendario Tour de Flandes. Sus historias nos recuerdan la cantidad de campeonatos que ha sumado Cannondale, ahora accesibles para todos a través de la Tesoro. Esta carrera, los retos que presenta, ya no están reservados sólo para la élite; ahora también son nuestros, gracias al soporte de la innovación de Cannondale.
Geraardsbergen, Km 136 KM: el sol empieza a caer, el mundo cambia a dorado. El Muur se eleva en la distancia, su capilla nos observa desde arriba. En sus rampas, los grandes han flaqueado, sus piernas han cedido por la pendiente, y ante los resbaladizos adoquines. Deberíamos luchar. Deberíamos sufrir. En cambio, la Tesoro nos eleva hacia el cielo. La suspensión HeadShok suaviza el caos de los adoquines, y el motor nos susurra motivación. En la cima, hacemos una pausa, no para recuperar el aliento, sino por respeto, para hacer una reverencia. La ciudad se extiende debajo. La carretera nos llama a continuar.
Oude Kwaremont, Km 174: interminable, irregular, implacable. Paterberg: brutal, despiadado. Koppenberg: una escalera adoquinada imposible, y resbaladizas. A los 174 km, llegamos a los tramos decisivos. Lugares donde los campeones se desmoronan, donde el agotamiento escribe su nombre en las piernas. Pero hoy, la Tesoro cambia el guion. Subiendo con una tranquila rebeldía, su corazón de 800Wh late con fuerza bajo nosotros. Incluso aquí, incluso ahora, en los lugares más desafiantes, brinda un movimiento constante. Con ese inolvidable zumbido de los neumáticos sobre la historia.
Oudenaarde, a 186 Km desde que partimos: El recorrido termina a la sombra de la meta del Tour de Flandes, en un pueblo en el que resuenan los ecos de batallas pasadas. Hemos llegado, hemos completado el viaje. La Tesoro ahora descansa al aire fresco de la montaña. Nos ha empujado a través del tiempo, a través de la leyenda.
Cannondale decribe la Tesoro como un "pasaje sobre dos ruedas", un pasaje para disfrutar. Y después de un día como hoy, no creemos que exista una mejor definición. No se trata de velocidad. No se trata de sufrimiento. Se trata de recorrer la distancia; de recorrer las carreteras que construyeron este deporte. Dejar que la bicicleta haga lo que fue creada para hacer: unir el pasado y el presente, y sacarte una sonrisa a cada pedalada.